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A medida que me acercaba, la magia, el hechizo, lo imposible, iban tomando cuerpo. En quebradas sintonías, en escalonados registros, a una o diferentes voces, vi o quise ver: trinos de pájaros, ballet, sinfonías, flores que se abrían y cerraban... Estaba tan hipnotizado mirando hacia el cielo, que no me di cuenta de que me encontraba al lado de ellos. Pronto, empezaron a descender hasta posarse en la arena. Y entonces... ¡Entonces los vi! Quienes habían manejados los hilos de aquellos cometas con tanta destreza, tanta habilidad, tanto virtuosismo... eran unos niños, unos críos, unos mocosos que apenas brotaban del suelo. ¡Llevaban cuatro días sobre la tierra y ya volaban! ¡Sí, volaban! Porque en esos momentos no les diferenciaba de sus cometas. Para mí, era una sola pieza, un cuerpo indivisible, un todo. Mientras recogían sus trastos, los pocos curiosos que tuvimos la suerte de ser su público, les aplaudimos enfervorizados, como si fueron nuestros héroes. Y los pobres se fueron avergonzados, cabizbajos, como culpables de haber roto algo. Eran los dueños del viento. El viento era suyo ¡Lo tenían en sus manos!... Y no le dieron ninguna importancia. A esa edad, todo es un juego. Y ellos... estaban jugando. Puede que los recuerdos sean pellizcos que le damos a la memoria. A veces de forma inconsciente y otras intencionadas. Este que acabo de contaros tiene el propósito de ser un puente, un hilván con Quebranto. Creo que sus poemas tienen desgarro de vida y cuerpo de cometa: -Unos los vemos volando a ras de tierra, sentidos, vulnerables, heridos de plomo. -Otros son de vuelo incierto y planean vacilantes a media altura, en esa franja, en esa vereda por donde pasa todos los rebaños de nubes, para esconderse entre ellos, para insinuarse, y tenemos que intuirlos, suponerlos, imaginarlos. -Y otros tienen un vuelo vertical, hacia arriba, y suben alto, alto, muy alto. Como si les faltara cielo o les faltara espanto. Veo aquellos niños y veo todo tan pobre ¡Que torpeza la nuestra! ¡No tener un soplo de vida entre las manos! ¡Ojalá podamos elevarlos y mantenerlos en el aire lo suficiente para que oigáis su aleteo! ¡Ojalá podamos encontrar el rumbo que les lleve hasta vosotros! ¡Ojalá sepamos transmitiros sus emociones! ¡Ojalá sepamos...! Antes de comenzar este recital, presentación de Quebranto, queremos daros las gracias por anticipado todos y todos somos: -Antonio, JuanFran, Rafa. Creadores de la editorial Aladeriva, y que han hecho lo posible para que este acto sea una realidad. -Juan Reyes Clemente. Autor de las fotografías que ilustran Quebranto. Fotógrafo y artista al que la naturaleza le ha concedido el don de un tercer ojo. -Ernesto Corrales. Amigo y maestro de cuerdas, que estará a la guitarra para dar soporte, calor y ritmo a varios poemas y que a la postre acabará cantándose Quebranto, poema al que le ha dado música y otro vuelo. ¡Una delicia! -Gema López, Joaquín Pajarón y Rafael Cuevas, este amigo que les habla, que acompañaremos a Antonio Lorente en la bella y difícil tarea de hacer volar sus cometas. -Y Antonio Lorente. Amigo, poeta, y padre de esta criatura llamada Quebranto, alma, esencia y motivo de este recital. Gracias
por estar aquí cara a cara con la poesía. Rafael Cuevas |
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