|
| |
Antología Palatina
Παλατινή Ανθολογία.
La Antología Palatina, también conocida como Antología
griega o, en latín Anthologia Græca, es una colección de
poemas, sobre todo epigramas, escritos durante los periodos clásico al bizantino
de la literatura griega.
Del Libro XI, algunos:
62 Páladas
Han de morir todos los hombres y no hay mortal
que conozca si vivirá mañana.
Ahora que lo sabes bien, hombre, regocíjate,
y haz de Bromio olvido de la muerte.
Disfruta también con la Pafia, dilatando esta vida fugaz;
todo lo demás, deja decidirlo al Destino.
120 Nicarco
Como había prometido enderezar al jorobado Diodoro,
Socles colocçó tres pesadas piedras de cuatro pies
sobre la columna del giboso. Lo malo es que murió aplastado,
aunque, eso sí, más derecho que un palo.
121 Nicarco
Mientras le operaba, degolló Agelao a Acestórides:
“Si hubiera vivido -dijo- iba a ser cojo, el desgraciado”.
122 Nicarco
A cinco enfermos, el médico Alexis les aplicó a la vez cinco lavativas y purgas
a los cinco;
vio a los cinco muy débiles y les dio un linimento a los cinco de
nuevo.
Y para todos hubo una sola noche, un solo tratamiento, un solo fabricante de
ataúdes,
una sola tumba, un solo Hades, un solo duelo.
125 Anónimo
El médico Cráteas y Damón el amortajador,
en connivencia, organizaron un complot:
éste, las bandas de tela que robaba de las mortajas
se las enviaba, para sus vendajes, a su amigo Cráteas,
y a cambio, Cráteas, para sus amortajamientos,
le enviaba enteritos a todos sus pacientes.
126 Anónimo
No con una sonda, sino con un tridente me aplicó el colirio Carino
y con una esponja insólita, la de sus tabletas de escritura.
Al tirar de la sonda me arrancó el ojo de raíz, aunque la sonda quedó dentro
entera. Si me unge el colirio por segunda vez, ya no le molestaré más con las
dolencias de mis ojos.
¿Cómo, sin tener ninguno?
159 Lucilio
A mi padre, que mi hermano tendría una larga vejez,
todos los astrólogos se lo
profetizaron como con una misma boca,
excepto Hermoclides: fue el único en
decirle que moriría prematuramente,
pero, eso sí, se lo dijo cuando en casa
llorábamos su cadáver.
169 Nicarco
Ayer, Glauco, iba a ahorcarse Dinarco el tacaño,
y por seis céntimos el desgraciado no se murió.
Seis céntimos costaba la cuerda, pero se bajó el precio
pretendiendo otra muerte igual, más barata.
Esto es el colmo de la terrible avaricia:
alguien que quiso morirse, Glauco,
y que por seis céntimos, el desgraciado, no se murió.
171 Lucilio
Se estaba muriendo Hermócrates el avaro, y en su testameento
se nombraba a sí mismo heredero de todos sus bienes.
Seguía haciendo cuentas,
postrado en la cama: cuántos honorarios, una vez
levantado,
iba a pagar a los médicos y cuánto gastaba durante la enfermedad.
Y así descubrió que era una dracma más si se recuperaba: “Es más ventajoso
morir”, dijo, y se quedó tieso.
Allí yace, pero sólo con un óbolo; en cambio,
sus bienes, sus herederos los rapiñaron alegremente.
251 Nicarco
Un sordo y otro sordo estaban en juicio y mucho más sordo
era el juez que los juzgaba a los dos.
Uno argüía que el otro le debía el alquiler de cinco meses, y el otro decía que
había estado moliendo por la noche.
Después de verlos, el juez decreta: “¿por qué contendéis? Es vuestra madre:
cuidadla ambos”.
|